Colechamos… ¿so what?

De los creadores de “Déjale llorar, que tiene el ombligo atao” llega a su pantalla “no lo metas contigo a la cama que luego…“.

Que luego, ¿QUÉ?

Ya os expliqué, hace algún tiempo, en que consiste esto del colecho y cómo llegamos a él por supervivencia ( que no por convicción) con la llegada al mundo de Marc. (¿No te acuerdas? Dale –> AQUÍ

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Padres de baja oferta

Puestos a poner etiquetas, me ha venido a la cabeza ésta de “padres de baja oferta“.

Y es que, cada vez más, nuestras vidas son de vértigo; el estrés y la ansiedad se han convertido en nuestros compañeros más fieles, a los días le faltan horas y esa cantinela del “no puedo más” nos suena ya demasiado. Da igual si eres médico, controlador aéreo, profesor, repartidor de pizzas, dependiente en una tienda o operario en una fábrica, el ritmo es frenético.

429463Mientras no se tienen hijos, ésto, se va llevando. Después de trabajar nuestras 8, 9, 10, 11 y hasta 12 horas (para que luego nos digan en Europa que somos unos vagos, a los que solo nos gusta la fiesta y la siesta), nos dedicamos a nosotros (salvo excepciones): vamos al gimnasio, salimos a correr, quedamos con los amigos para la cervecita de antes de cenar, vemos esa serie que tanto nos gusta, cocinamos, leemos, bailamos sardanas, jugamos a la play… Vamos, que nos dedicamos tiempo, por otra parte TOTALMENTE NECESARIO a mi entender para mantener la cordura (siempre estarán los adictos al trabajo, pero esto es ya otro tema que nada tiene que ver con trasfondo del post). Sigue leyendo

Rabietas

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Llevamos ya una época difícil con el tema de los caprichos y las rabietas, esto es un hecho. Si me está leyendo la superabuela me dirá mañana que exagero pero no. Me dirá que todos los niños son iguales, ¡y no digo yo que no!
Pero tela con la rachita…

Marc es muy activo, curioso y alegre. Le encanta descubrir todo lo que le rodea y jugar con todo pero cuando se cabrea… Sigue leyendo

La tortura de dormir

Obviamente algo estamos haciendo mal. Quizás llegamos demasiado cansados a la noche, quizás es que nos levantamos sin haber dormido lo suficiente, quizás no tenemos paciencia, quizás, quizás, quizás…

El colecho no fue una elección, fue una manera  de sobrevivir al principio. Marc dormía horribilismente, máximo una hora seguida y yo, estaba AGOTADA, demasiado como para levantarme de la cama e ir a su cuna 8 veces mínimo de noche y más aún para enseñarle a ‘no dormir en brazos’.
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