Mi vida con dos

¡Buenos y felices días!

Cuando se habla de bimaternidad mucha gente imagina escenas bucólicas, dignas de una peli de esas románticas, donde padres hiper sonrientes preparan sándwiches de crema de cacahuete para su descendencia que, después comerán en un parque, encima de un mantelito a cuadros mientras ven cantar los pájaros a su alrededor.

Pero a mí, a mí me viene a la mente una secuencia de catastróficos acontecimientos dignos de una serie de TV británica, con una pizca de locura, nervios, estrés y humor negro. ¿Sabéis lo que os digo? Qué le vamos a hacer, yo soy así…Pizarra

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Colechamos… ¿so what?

De los creadores de “Déjale llorar, que tiene el ombligo atao” llega a su pantalla “no lo metas contigo a la cama que luego…“.

Que luego, ¿QUÉ?

Ya os expliqué, hace algún tiempo, en que consiste esto del colecho y cómo llegamos a él por supervivencia ( que no por convicción) con la llegada al mundo de Marc. (¿No te acuerdas? Dale –> AQUÍ

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Mi adorable terremoto

Esta mañana pensaba en lo rápido que pasa el tiempo, como los días (a veces) se hacen largos e interminables y, a la vez, los meses corren veloces.

Marc tiene ya 21 meses, para 22 (1 año según su pediatra del CAP aunque yo difiero, no me puede comparar un bebé de 13 meses con uno de 20…). Sí, soy super fan de hablar en meses y semanas, así es la maternidad.

A veces (casi siempre) me trae loca y me pone nerviosa, no hace caso de nada, cualquier regañina es un juego que sigue con una pícara mirada. Me pone a prueba, pone a prueba sus propios límites y la paciencia de todos los que están alrededor. Se sube a las sillas, sube con el correpasillos en los juguetes, mete cosas que no debe en el microondas, la secadora y el lavavajillas, abre los armarios y me saca absolutamente todo lo que encuentra… es travieso de libro.
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Pero luego veo los avances de gigante que ha hecho y veo esa inocencia tan pura, esas ganas de experimentar, de aprender, de probar cosas nuevas, de jugar… y se me caen la baba cuándo me ve y viene corriendo a abarazarme al grito de “¡¡¡¡¡mamá!!!!!!”

Cosas que hace Marc que me llenan de orgullo y amor infinito:

  • Bailar
  • Cantar (se sabe ya varias canciones aunque si no conocéis el lenguaje bebecil, no conseguireis descifrarlas)
  • Saltar
  • Comer solo la sopa o las lentejas
  • Intentar vestirse solo
  • Avisarme cuando Pol llora
  • Pasear a Sasha
  • Ayudarme a meter la ropa sucia en la lavadora
  • Sacar y guardar (en su sitio) los platos del lavavajillas
  • Traerme el recogedor cuando se lo pido
  • Jugar con otros niños
  • Pasar las hojas de los libros como si supiera leer
  • Hacer burbujas en la bañera con la boca o hacerme pedorretas
  • Coger en brazos a su hermano pequeño
  • Avisarme (a veces) de que tiene caca
  • Dibujar (sí, que pasa, arte abstracto)
  • Hacer torres con los bloques de madera o los megablocks
  • Intentar arreglar absolutamente todo con un destornillador (purgar los radiadores incluidos)
  • Imitar a los mayores

Pero sobretodo, me llena de ternura y amor su capacidad de ilusionarse y sorprenderse. Ese instante en que su mirada se ilumina y se lleva la mano a la boca en plan “¡Oh my God!” me hace volver a sentir que el mundo es maravilloso.

Y pienso… que hombrecito más apañao. Y se me olvidan las travesuras, las rabietas, su cabezoneria, la comida desparramada por el suelo, sus manitas marcando todos los muebles del comedor… y pienso en las palabras de Rosa Jove: ” Pobre del niño que no tenga rabietas, significará que no tiene ideas propias“, y me digo que no lo estamos haciendo tan mal, aunque a veces parezca un auténtico hooligan.

¿Que cosas hacen vuestros bebés que os llenan de satisfacción? ¿También tenéis esa sensación de vivir de prisa y despacio al mismo tiempo?

Un abrazo!!

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Cuando queríamos ser princesas…

Y fueron felices y comieron…. ¡UNA MIERDA!

Hace ya años una amiga, Marta, me dijo muy segura de sus palabras algo como “Tía (si, soy tía para Marta, pero no en plan pija osea… ella no es así y yo tampoco) la culpa de todo la tiene Disney“. Esas historias de amor de príncipes y princesas, donde todo es fantástico y maravilloso, en las que ella encuentra a su caballero soñado que la colma de dicha y alegría, que la lleva entre algodones y la hace amar la vida locamente. Esas historias hacen que una sueñe…. con su príncipe azul, su vida en palacio y su familia de anuncio de detergente. Y todas acaban como empezaba yo esta entrada: Fueron felices y comieron perdices. 

Pero las pelis de Disney deberían tener una segunda parte, después de las perdices, cuando la Bella Durmiente no puede más con su alma y se cansa de cantarle a los pájaros porque ha tenido un día (de mierda) duro de trabajo o cuando el príncipe no ha ido a hacer la compra y, arde Troya en casa. Sigue leyendo

Me indigna…

Y mucho. Me indigna muchísimo que hayan madres que se atrevan a tildar a otras de “malas madres” por el mero hecho de escoger no criar a sus bebés como ellas han elegido.

Muchas madres elijen dar biberón a sus bebés, elijen sacar al bebé de la habitación lo antes posible o dejarles llorar para que aprendan a dormir. Otras, elijen lactancia a demanda, colecho y no permiten ni un “ay” de sus criaturas.

Bajo mi punto de vista, tan respetable es una manera de criar como la otra siempre que se basen en el respeto, el amor y la dignidad. Cada bebé es un mundo y cada familia sabe mejor que nadie lo que tiene que hacer. Sigue leyendo

Dientes, resfriado y medicamentos

Hace un par de semanas Marc dejó que comer, estaba irritable, dormía (bueno, esto sigue igual) fatal, lloraba por nada y estaba hasta antipático diría yo. Como estaba muy resfriado lo achacamos a eso y, le volvimos a llevar al pediatra del CAP que nos dijo que tenía la garganta muy inflamada y por eso no comía, no dormía, etc. Nos recetó Ibuprofeno cada 8 horas 4 días ( el famoso Dalsy) y a correr. 

Si bien es cierto que notamos cierta mejoría, sobretodo por las noches, Marc seguía incómodo. Las abuelas, que todo lo saben, ya lo vaticinaron: son los dientes. Pocos días después, al llevarse uno de mis dedos a la boca para “morder” resultó que mordía de verdad y, lo que antes era una montañita de encía inflamada, ahora era un pequeño diente afilado como un cuchillo. Apenas se veía, pero ahí estaba. Sigue leyendo