Cuando no somos padres

Cuando somos NO PADRES, lo vemos todo con las gafas del desconocimiento y el juicio fácil:Sin título

Y de repente, vas al médico, te cambia la graduación, te compras unas gafas nuevas la ostia de chulas y te ves en el súper con un carro y su bebé, una cola hasta la puerta, un niño de 3 años llorando y gritando mientras te deja medio en bolas, tirando de tu camiseta para que le cojas en brazos, medio planeta observándote, el otro medio juzgándote y tú, osea yo, respirando muy (pero que muy) profundo para no perder la compostura (que la pierdo).

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Padres de baja oferta

Puestos a poner etiquetas, me ha venido a la cabeza ésta de “padres de baja oferta“.

Y es que, cada vez más, nuestras vidas son de vértigo; el estrés y la ansiedad se han convertido en nuestros compañeros más fieles, a los días le faltan horas y esa cantinela del “no puedo más” nos suena ya demasiado. Da igual si eres médico, controlador aéreo, profesor, repartidor de pizzas, dependiente en una tienda o operario en una fábrica, el ritmo es frenético.

429463Mientras no se tienen hijos, ésto, se va llevando. Después de trabajar nuestras 8, 9, 10, 11 y hasta 12 horas (para que luego nos digan en Europa que somos unos vagos, a los que solo nos gusta la fiesta y la siesta), nos dedicamos a nosotros (salvo excepciones): vamos al gimnasio, salimos a correr, quedamos con los amigos para la cervecita de antes de cenar, vemos esa serie que tanto nos gusta, cocinamos, leemos, bailamos sardanas, jugamos a la play… Vamos, que nos dedicamos tiempo, por otra parte TOTALMENTE NECESARIO a mi entender para mantener la cordura (siempre estarán los adictos al trabajo, pero esto es ya otro tema que nada tiene que ver con trasfondo del post). Sigue leyendo